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Mi nombre es Myriam Coratoli y me acepto y me apruebo exactamente tal cual soy, este es mi blog, UnaConciencia, un lugar de paz, que la alegrìa sea con todos nosotros:)

viernes, 2 de julio de 2010

El Almita y el Sol Parábola para niños, adaptada de Conversaciones con Dios Neale Donald Walsch

Había una vez, en el no tiempo, un almita que le dijo a Dios: "¡Yo sé quién soy!".
Y Dios le dijo: "¡Es maravilloso! ¿Quién sos?"
Y el Almita le gritó: "¡Yo Soy la Luz!".
Dios sonrió una gran sonrisa y exclamó: "¡Está bien! ¡Sos la Luz!".
El Almita estaba tan feliz, porque había descubierto lo que todas las otras almas del reino tenían que descubrir.
"¡Waw! ¡Esto es realmente bueno!", dijo el Almita.
Pero pronto, saber quién era no fue suficiente... El Almita quería experimentar quién era. Por lo que el Almita volvió a Dios (lo cual no es una mala idea para las almas que quieran ser quienes realmente son) y le dijo:
"¡Hola Dios! ¿Ahora que sé quien soy, está bien que yo sea eso?"
Y Dios le dijo: "¿Querés decir que querés ser quien ya sos?"
"Bien”, le respondió el Almita, "una cosa es saber quien soy y otra cosa es serlo. ¡Quiero sentir como es ser la Luz!"
"Pero ya sos la Luz", le repitió Dios sonriendo nuevamente.
"Si, pero quiero ver como se siente", le contestó el Almita.
"Bien, supongo que deberías haberlo sabido. Siempre fuiste la aventurera."
Luego la expresión de Dios cambió: "Hay una sola cosa..."
"¿Qué?", le preguntó el Almita.
"Bueno, no hay nada más que Luz. Ya ves, yo no creé nada más que lo que ya Sos, entonces no hay un modo fácil para que te experimentes como sos, porque no hay nada que no seas.”
"¡¿Huh?!" dijo el Almita, que estaba ahora un poco confundida.
"Miralo de este modo", dijo Dios. "Sos como una vela en el Sol. Estás allí, con otro millar, millones de otra velas que forman el Sol. Y el Sol no sería el Sol sin vos. Sería el Sol sin una de sus velas... y eso no sería el Sol para nada, no brillaría tan fuerte."
"La pregunta es ¿cómo conocerte a vos misma como Luz en la Luz?"
"Bien, eres Dios”, le dijo el Almita, "¡pensá en algo!"
Dios sonrió nuevamente."¡Ya lo tengo!, como no podés verte a vos misma como la Luz que sos en la Luz, te voy a rodear de oscuridad."
"¿Qué es la oscuridad?", preguntó el Almita.
"Es lo que no sos", le respondió Dios.
"¿Le tendré miedo a la oscuridad?", preguntó el Almita
"Solamente si decidís tenerlo", le contestó Dios.
"No hay nada que temer, al menos que vos decidas que lo haya. Ya ves, lo estamos creando todo, estamos actuando."
"¡Oh!", exclamó el Almita que ya se estaba sintiendo mejor...

Luego Dios le explicó que para poder experimentar algo, se va a presentar su opuesto exacto. "Es un gran regalo", le dijo Dios, “porque sin esto, no podrías conocer nada."
"No podrías conocer lo Tibio sin lo Frío, lo de Arriba sin lo de Abajo, lo Rápido sin lo Lento. No podrías conocer la Izquierda sin la Derecha, el Aquí sin el Allá, el Ahora sin el Luego". "Y por lo tanto", continuó Dios, "cuando estés rodeada de oscuridad, no levantes tu puño y tu voz y maldigas la oscuridad. Mas bien, sé una Luz en la oscuridad, y no te enojes con esto.”
“Luego sabrás quien realmente sos y los demás lo sabrán también. Dejá que tu Luz brille tanto como para que todos se den cuenta lo especial que sos".
"¿Quiere decir que está bien que los demás se den cuenta que soy especial?", preguntó el Almita.
"Por supuesto, está muy bien”, dijo Dios. "Pero recordá, especial no quiere decir mejor. Todo el mundo es especial, cada uno a su modo. Muchos lo pueden haber olvidado. Ellos verán que está bien ser especial, solamente cuando vos veas que está bien ser especial."

"Waw", dijo Almita, bailando, riendo y saltando con alegría, "¿puedo ser tan especial como quiera?"
"Si, y podés comenzar ahora mismo", le dijo Dios, que ya bailaba y reía junto con el Almita. "¿Qué parte de ser especial querés ser?
"¿Que parte de ser especial?", repitió Almita,"No entiendo".
"Bien", explicó Dios, "Ser la Luz es Ser especial, y ser especial tiene muchas partes. Es especial ser amable. Es especial ser gentil. Es especial ser creativo. Es especial ser paciente. ¿Podés pensar otras formas de ser especial?"
El Almita se sentó tranquila por un momento… "Puedo pensar en muchas formas de ser especial", dijo."Ayudar es ser especial, compartir es ser especial, ser amigable es ser especial, ser considerado con los demás es ser especial."
"¡Sí!, contestó Dios, "y podés ser todas esas cosas, o cualquier parte que desees, en cualquier momento. Eso es lo que significa ser Luz."
"¡Yo sé lo que quiero ser, yo sé lo que quiero ser!", dijo el Almita con mucho entusiasmo. "Quiero ser la parte especial llamada perdón. ¿No es especial perdonar?"
"Oh, sí", le reaseguró Dios al Almita. "Eso es muy especial."
"Bien", dijo el Almita. “Eso es lo que quiero ser, quiero perdonar, me quiero experimentar a mí misma perdonando."
"Bien", dijo Dios, "pero hay algo que debes saber."
El Almita se estaba impacientando un poco. Parecía que siempre había alguna complicación. "¿Qué es?", suspiró el Almita.
"No hay nadie a quien perdonar."
"¿Nadie?", Almita no lo podía creer.
"¡Ni uno!", repitió Dios. "Todo lo que he hecho es perfecto. No hay un alma en toda la creación menos perfecta que vos, mirá a tu alrededor."
En ese momento Almita se dio cuenta que un gran gentío se había reunido. Vinieron Almas desde lejos, de todas partes del Reino. Se había pasado la voz que Almita estaba teniendo una conversación extraordinaria con Dios, y todos querían escuchar lo que estaban diciendo.
Mirando las incontables almas reunidas allí, Almita tuvo que aceptar. Ninguna parecía menos hermosa, menos magnífica o menos perfecta que Almita.
Tal era la sorpresa de la almas reunidas y tan intensa era su Luz, que Almita apenas si podía mirarlas.

"¿A quién perdonar, entonces?", preguntó Dios.
"Esto no es divertido," protestó Almita."Yo quería experimentar en mí misma el perdón, quería saber cómo era esa parte de ser especial."
Y Almita aprendió cómo se siente estar triste…
Justo en ese momento, un Alma amiga dio un paso adelante y le dijo: "no te preocupes Almita, yo te voy a ayudar".
"¿Me ayudarás?", preguntó Almita brillando. "¿Pero qué podés hacer?”
"Yo puedo darte alguien a quien perdonar."
"¿Podés?"
"¡Por supuesto!”, le dijo el Alma amiga, "yo puedo volver en tu próxima vida y hacerte algo para que me perdones."
"Pero ¿por qué?, ¿por qué harías eso?”, preguntó Almita."¡Vos que sos un ser perfecto! ¡ vos que vibrás con una velocidad que crea una Luz tan brillante que apenas puedo mirarte! ¿Qué haría que vos bajes tus vibraciones a una velocidad que tu Luz brillante se vuelva oscura y pesada?” “¿Qué es lo que haría que vos que sos Luz que baila entre las estrellas y se mueve por el Reino con la velocidad del pensamiento, vengas a mi vida y se ponga tan pesada como para poder hacer algo tan malo?”
"Es simple", contestó el Alma amiga, "lo haría porque te amo."
El Almita parecía sorprendida ante la respuesta…
"No estés tan sorprendida", le dijo el Alma amiga,"has hecho lo mismo por mí. ¿No te acuerdas?”. “Hemos bailado juntas, vos y yo, muchas veces. A través de eones y de todas las épocas hemos bailado. A través de todo el tiempo y en muchos lugares hemos jugado juntas. Simplemente no lo recuerdas."
"Ya lo hemos sido todo… Hemos sido lo alto y lo bajo, lo izquierdo y lo derecho. Hemos estado Aquí y allá, en el Ahora y en el más tarde, hemos sido lo masculino y lo femenino, lo bueno y lo malo, hemos sido la víctima y el villano. Por lo tanto hemos estado juntas muchas veces, vos y yo, cada una dándole a la otra la oportunidad exacta y perfecta de Expresar y Experimentar Quien Realmente Somos. Y por lo tanto", explicó el Alma amiga, "yo voy a volver en tu próxima vida y seré la mala, voy a hacerte algo realmente terrible, para que puedas experimentarte como el que Perdona."
"¿Y qué vas a hacer?", preguntó Almita, un poco nerviosa, "¿qué es lo tan terrible?"
"Oh", repitió el Alma amiga guiñando los ojos, "ya pensaré algo."
Luego el Alma amiga se puso seria y dijo con voz tranquila: "Tenés razón en una cosa".
"¿En qué?", quería saber Almita.
"Tendré que bajar mi vibración y hacerme muy pesada para hacer esto, que no es tan bueno, voy a tener que actuar de algo que es muy diferente a mí misma. Por lo tanto, te tengo que pedir un favor a cambio."
"¡Cualquier cosa, cualquier cosa!", contestó Almita y comenzó a bailar y cantar. "¡Voy a perdonar, voy a perdonar!"
Almita vio que Alma amiga se había quedado muy quieta...
"¿Qué pasa?", le peguntó Almita, "¿Qué puedo hacer yo por vos? Sos semejante ángel que está dispuesto a hacer esto por mí."
"¡Por supuesto que el Alma amiga es un ángel!", interrumpió Dios. "Todos lo son. Recuérdalo siempre: yo te envío solamente ángeles."
Por lo tanto Almita más que nunca le preguntó a Alma amiga: "¿Qué puedo hacer por vos?".
"En el momento en que te pegue duro", contestó el Alma amiga, “en el momento en que te haga lo peor que te puedas imaginar, en ese momento..."
"¿Sí?", interrumpió Almita, "¿sí…?"
El Alma amiga estaba cada vez mas calma…"Recuerda Quién Soy Realmente".
"Oh, sí, te lo prometo", contestó Almita, "¡Siempre te recordaré como te veo ahora, en este momento!"
"Bien", dijo Alma amiga, "porque ya verás, estaré actuando tan bien que me olvidaré de mí misma. Y si vos no te acordás de mí como realmente soy, puede que yo no lo recuerde por un tiempo muy largo. Y si yo me olvido Quién Soy, vos también podés olvidarte Quién Sos y estaremos las dos perdidas. Luego necesitaremos otra alma para que venga y nos recuerde Quiénes Somos."
"¡No, no lo olvidaremos!" prometió Almita nuevamente. "Yo te recordaré y te agradeceré por darme este regalo, la oportunidad de experimentarme como Quien Yo Soy."
Y por lo tanto, el acuerdo fue hecho. Y Almita entró a la nueva vida, contenta de ser la Luz que era muy especial, y contenta de ser esa parte de especial llamada Perdón.
Y Almita esperó ansiosamente poder experimentarse como Perdón y agradecer a toda alma que lo hacía posible.
Y todos esos momentos en esa nueva vida, cuando un alma aparecía en escena, no importaba si traía alegría o tristeza y especialmente si tenía tristeza, Almita pensaba lo que Dios le había dicho: “Recuerda siempre”, había dicho Dios sonriente, “¡Yo solamente te envío ángeles!”

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